La Inmaculada Concepción

La Inmaculada Concepción

Nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos

La Inmaculada, modelo del hombre nuevo
Escribe Padre Nicolas Schwizer

Celebramos el próximo 08 de diciembre con toda la Iglesia una gran fiesta de la Santísima Virgen: su Inmaculada Concepción. Conocemos el misterio profundo de este día: Ella, como único ser humano, es concebida sin pecado original en el seno de su madre Ana. Entendemos que resulta un privilegio extraordinario que le es concedido para ser la Madre de Dios.

Hoy en día, más que nunca, nuestro camino como cristianos cuesta mucho. Infidelidad, duda, desorientación e inseguridad, aun en medio de la Iglesia misma, dificultan nuestra vida cristiana. Precisamos más claridad y seguridad, buscamos una luz para poder orientarnos en la oscuridad de nuestro tiempo. Esta luz para nosotros es María. Ella es el modelo vital y la enseñanza intuitiva para la vida del cristiano, para la vida de todos nosotros.

María, nuestro modelo vital. Se la destaca como reverso de Eva, como nueva Eva. Sabemos que Eva es compañera y ayudante de Adán en el pecado original, en la ruina del género humano. También María no es mero instrumento pasivo, sino compañera y ayudante de Cristo para la salvación del mundo. La desobediencia y la incredulidad de Eva son compensadas por la obediencia y la fe de María. Eva nos trajo la muerte, María nos trajo la vida.

Así la Virgen inmaculada, la nueva Eva se nos revela como ser del paraíso. En este mundo del mal, Dios conserva la ideal original de pureza y santidad del paraíso en la persona de María. Concebida sin pecado, así entra la Sma Virgen en la vida e irradia una belleza propia del paraíso.

La creatura, en la que la redención de Cristo se condensa en toda su plenitud, es la Sma Virgen. En Ella Dios puede documentar la perfección de su obra. María es la persona humana que más plenamente realiza el ideal del hombre nuevo cristiano.

Por eso, el ángel Gabriel la saluda como “llena de gracia”. En verdad, toda su persona está saturada de la gracia.

Ella nos señala, con su ser y su actuar, que toda perfección y redención viene de Dios, de Aquel que ha hecho en Ella maravillas.

Cuando miramos así la imagen de la Inmaculada, se despiertan en nosotros muchos sentimientos, deseos y esperanzas. Resultan anhelos del paraíso perdido, es decir, de la armonía perfecta entre cuerpo y alma, entre instinto y espíritu.

Todos los cristianos fuimos convertidos en hombres nuevos, el día de nuestro bautismo. En aquel momento, Dios nos infundió en el alma la vida divina de Cristo. Pero muchos bautizados vuelven a ser hombres viejos, porque – por el pecado – se cierran a esta vida.

Lo que para la Inmaculada era un don, para nosotros es una lucha de toda la vida.

Por eso, siempre de nuevo, todos nosotros somos llamados, a convertirnos en hombres nuevos, según la imagen de Cristo y de María. Todos nosotros somos invitados a acoger al Señor en nosotros como María. Todos nosotros podemos día a día, abrirnos a su voluntad Y cada vez que nosotros – en la imitación de la Virgen -, decimos de nuevo el “Hágase en mí según tu palabra”, el Verbo se hace más carne en nosotros. Y así nace y crece en nosotros el hombre nuevo, que tanto admiramos en María.

La Sma Virgen es modelo del hombre nuevo, pero también, Madre y Educadora de hombres nuevos. Su seno, en el que Cristo se formó es el mejor molde para forjar hombres a imagen de Cristo

Los padres de la Iglesia la llamaron no sólo creatura del paraíso, sino también la puerta del paraíso. Puerta al paraíso porque nos atrae y educa hacia ese ideal, y nos introduce en el paraíso.

Preguntas para la reflexión

  1. ¿María, es para mí un modelo?
  2. ¿Tengo alguna oración preferida a María?
  3. ¿Qué me dice el nombre Puerta del paraíso?

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Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?». Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí». El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?». Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí». El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?». Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí». El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón». El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Sal 97, 1-4: Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 1, 3-6. 11-12.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38:

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».Y la dejó el ángel.

Homilia Escuchar
P. Borja Coello
P. Carlos Padilla
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